Siguiendo con la tónica de las últimas semanas, aún no he podido decidir si mi marca preferida de aceite corporal ha cambiado los glicoles por betabloqueantes, si he ganado un pase VIP para mis cadadías sin enterarme o si simplemente estoy de buen humor y por eso todo me encaja. Empiezo a dar asquito, la verdad.
+++ He dejado de fumar. Mejor dicho: me he aburrido de fumar y ya no me apetece. El fin de semana pasado se me acabó el tabaco pero no se me despertaron las ganas de bajar a por más, de forma que lo dejé. Simplemente.
He descubierto que a primera hora de la mañana echo de menos el tabaco, o lo que yo me imagino que voy a sentir fumándome un cigarro, pero el resto del tiempo ni me acuerdo. Si me echas el humo a la cara, protestaré y te llamaré imbécil, pero no me apetecerá encenderme uno. No sé por qué, pero ahora es cosa de otros.
Hace ya tiempo que me apetecía dejar de fumar, de la misma forma en que te apetece hablar cuatro idiomas más, tener hábito de estudio o rutina deportiva: levantándote una mañana y descubriendo que ya te pasa, sin esfuerzo y sin angustia. Ya hablo alemán, ya corro una hora sin ahogarme y disfrutando, ya puedo concentrarme cuatro horas seguidas sin que me lloren los ojos, ya me sale, ya sé. Pues mira, a veces pasa.
El mono del tabaco es tan llevadero o insoportable como dicte la posición mental en la que uno se coloque, en mi caso he debido caer de culo inesperadamente en la mejor de todas las posibles. Soy consciente de que ya he recaído otras veces y no descarto que me espere alguna más: el ex fumador lo es toda su vida, igual que el ex alcohólico se juega la salud con la primera copa o el ex adicto de cualquier tipo se ve tentado periódicamente a darse un homenaje con mayor o menor intensidad. No sé de qué depende que unas veces aguantes y otras recaigas, por cierto y me gustaría saberlo.
Por otro lado, hay una fauna que siempre me ha dado bastante grima de entre el gremio de los ex fumadores: esas personas que abandonaron el hábito con patente esfuerzo y ahora se tiran el día nofumando, rechazando el tabaco con vehemencia, pontificando sin descanso sobre el inconcebible atentado social y sanitario que cometen los fumadores cada vez que dan una calada, pensando todo el día en tabaco y dando la tabarra al personal. Mi objetivo a corto plazo es no reincidir ni volverme una petarda de ese tipo, para no quedarme sin amigos. No jodas, oye.
La parte menos interesante del asunto es la afición con la que mi organismo se ha concentrado en expulsar las reservas de nicotina y alquitrán que almacenaba para los rigores del invierno (¿?) y que ahora luzco en mitad de la frente, en un tobillo y en las uñas de los pulgares en forma de quistes, agujeros y anomalías varias. El médico que me vió ayer se moría de risa cuando le expliqué que este chichón no se me baja desde hace una semana. Normal, nena.
La semana que viene toca ITV médica para ver por dónde más estoy bajando la basura y para quitarme el implante, que ya toca… si encuentro quien se atreva, que no parece fácil
+++ Como ya no amenazo con escupir el pulmón derecho cada vez que corro tres minutos, he sucumbido de nuevo a mi vena más masoquista y me he vuelto a apuntar a Spinning. Esta vez, en contra de la costumbre, no me ha tocado en suerte una monitora psicópata sino un tipo de lo más normalito, un deportista estándar que suda y sufre como todos los demás y que luce en las piernas los músculos que quisiera tener yo. Exactamente esos, el hijoputa.
De repente resulta que comprar aquel pulsómetro no fué tirar el dinero, que estoy pasada de forma pero no tanto como temía y que levantar el culo de la silla no cuesta un esfuerzo inhumano como ocurría hace dos meses, qué coño, estoy disfrutando mucho al comprobar que rompo a sudar sin recalentarme, que me esfuerzo sin desmayarme y que salgo de las clases con el emblema de SuperWoman tatuado en la toalla empapada.
Ese tipo tiene las piernas que yo quiero y las voy a conseguir. Aunque tenga que cortarle las suyas.
Como dato curioso, para calcular la frecuencia cardíaca máxima he aplicado una variación de la fórmula de Fox y Haskell para mujeres (FCM = 227 – edad actual), que tenemos el pulso más rápido por lo general, y me siento cómoda en esos parámetros aunque aún se me quedan un poco cortos.
Ahora estoy fondona, veremos dentro de un mes.
+++ Mañana imparto mi primer taller de Bondage. Lo haré en casa, bajo el lema “Aquí un amigo, aquí una cuerda” para iniciar a los novatos en la práctica de los nudos.
La parte dedicada a la seguridad que he editado como soporte al curso requiere una linterna de corto alcance colocada bajo la barbilla para desarrollar todo su potencial: la anécdota al respecto viene de la mano de un antiguo amigo (nuevamente localizado a través del FBK) quien justo ayer me contaba sus avatares con una nueva compañera de juegos bastante extrema. El muchacho en cuestión es novato del todo, jamás ha practicado ningún juego relacionado con el BDSM. La muchacha en cuestión quiere que le haga cortes con cuchillas, que le inmovilice con cuerdas y que le deje sangrar un rato. Yo no sé si actuar de oficio e ir llamando al 112.
De forma que, influída por lo anterior, creo que me he pasado y he cargado las tintas en exceso en la parte preventiva pero como es una experiencia beta para preparar el taller que impartiré con Nur en la RAM, me puedo permitir meter la pata. Un poquito, al menos.
Detalles en breve. Hablando de breves:
+++ Mañana me voy a ver a Engendro y los Petersellers en la sala Cat’s. Quien se apunte, está a tiempo.
+++ Estuve en el Antikaraoke. Tienen que dinamitar la sala, secuestrar a la presentadora y no pagar el rescate para que me lo pierda a finales de este mes. Enough said.
+++ Estoy enganchada a Shameless. La segunda temporada está bajando a un ritmo insoportablemente lento, pero no puedo protestar. Al ratito de escuchar ese inmasticable acento de Manchester ya les adoraba a todos aunque no entendiera una palabra, lo cual es mucho decir.
+++ Trabajo demasiado, duermo poco y me siento contenta. En Google no aparecen resultados si pones sindrome+felicidad+cronica, luego debe ser normal. Pues nada, que dure