Molécula se despide y abandona el blog.
El propósito de su creación fué construir un espacio para que ella y el mono creasen luces de colores con sus recién adquiridas bombillas, esas que les lucían en los ojos cada vez que se miraban. Las luces han desaparecido, de forma que el blog ha dejado de tener sentido. Como no sabe si su cofundador querrá hacer algo con él, Molécula se limitará a desaparecer discretamente.
Nadie tiene la menor garantía sobre la fortaleza de Molécula, ni siquiera ella misma, y si sus flaquezas resultan ser mayores que su sensatez, tal vez se enrede en algún epílogo tan esperanzado como condenado al fracaso. Lástima. El propósito de este post de despedida es dejar por escrito este presente por si en un futuro próximo se lo piensa, queriendo creer que las promesas son algo más que eso, promesas.
El siguiente paso será mudar la piel, deshacerse de las ruinas de tantas ilusiones rotas en trocitos que ahora alfombran el suelo de su salón. También tendrá que aprender a perdonarse a sí misma por haberse equivocado, confundiendo aquello que encontró con lo que creyó haber encontrado.
En algún lugar hay una varita mágica capaz de generar esas sonrisas que tan caras se han vuelto para ella ultimamente. Hasta hoy le costaban a veces un esfuerzo de voluntad para obviar los indicios de derrumbamiento que asomaban a simple vista, pero dentro de poco volverán a ser fáciles. La confianza volverá, la seguridad en sí misma y en su entorno volverá, su vida será de nuevo una caja envuelta en un lazo rojo y contendrá un apetitoso pastel de chocolate listo para comer cuando ella quiera. Dejará de ser la miseria inestable en que se ha convertido desde hace un tiempo hasta hoy.
Aún no se lo cree, pero dentro de poco volverá a llevarse sorpresas, tal vez una de ellas sea encontrar a quien sepa quererla bien.
Molécula abandona el blog. Es decir, yo misma.