Archivos para Agosto 2007

13
Ago
07

De milagros.

Los milagros existen, pero hay que tener en cuenta que no son como a veces creemos. Menos aún como nos los ponen en las películas hollywoodienses en las que tras una música en pleno extasis y con nuestro protagonista, el que sea, en un momento de absoluta sumisión, el milagro va y ocurre, otra vez el que sea, y ahi acaba la pelicula con la satisfacción de todos y la creencia de que las cosas son así. Vaya sarta de gilipolleces.

Los milagros a los que me refiero son aquellos que después de mucho esfuerzo, ocurren y lo hacen por un sacrificio más grande que uno mismo, por la creencia permanente de que se puede hacer, los que se construyen desde la humildad, el cariño, la comprensión y el amor. Joder, parezco un cura.

Hoy yo creo en los milagros, creo porque creo, porque necesito creer, porque amo creer y amo a la persona en quien creo.

08
Ago
07

Mil dolores pequeños

Me duele el cuerpo. Sé que es una de las consecuencias de la tristeza, pero me duele sordamente, sin que pueda identificar cuál es exactamente el origen de la molestia. Supongo que pasará, pero la incertidumbre de la duración de este malestar me desazona.

Ayer hablé con un amigo que, sorprendentemente, pasa por una situación idéntica a la mía. Creía ingenuamente encontrarme en un caso aislado, pero no es así. Lo siento enormemente por ti, corazón, como ya te dije ayer, sé de sobra el tormento por el que estás pasando, y no lo hubiera querido para ti. Para mi, tampoco.

He aquí una breve crónica de sucesos encadenados: Incomprensión. Abuso sordo. Desvío de responsabilidades. Negligencia. Pequeños delitos que duelen, difíciles de detectar. Negación de la realidad. Dolor. Auto engaño. Pasividad ante el sufrimiento ajeno. Alarde de incapacidad para ocuparse de los problemas ajenos. Frustración. Amargura. Palabras que duelen. Rabia.

Sobre todo, rabia. También hay decepción.

No eres para mi, pero estoy enganchada a la idea que me forjé de nuestras posibilidades y, aunque sé que es un error, aguardo las dos horas que quedan por delante como si fueran a solucionar algo. Si realmente se resuelve, será una solución parcial y efímera. Es un error, pero todo en mi me empuja a cometerlo. Ni siquiera me lo reprocho, es más fuerte que yo. Nunca he soportado la angustia.

Esta tarde cosecharé la que espero será la última decepción de una larga lista, y después seguiré mi camino. En lo sucesivo, deberé cambiar algunos patrones de mi comportamiento, para dejar de repetir siempre el mismo error. Creo que un terapeuta podrá ayudarme. Tal vez no lo haga, y siga estrellándome una y otra vez. No creo que lo soporte mucho tiempo.

Nunca pensé que dejaría de apetecerme vivir la estupenda vida que me he construído, pero así es. La tolero sin emoción. Me faltan ganas.

Y aún así, alimento una pequeña esperanza de que esta tarde ocurra un milagro, aunque todo me grita que los milagros no existen y que, aunque ocurra, no me lo creeré.

Bonita situación de mierda.

06
Ago
07

Nadaqueriendo y nadadeseando

Las evidencias son abrumadoras.

Tengo tiempo libre, pasta para gastar, estoy sana del cuerpo entero y docenas de personas con ganas de verme al otro lado del teléfono.

Pero no me apetece hacer nada.

En la calle hace un sol delicioso, el verano resplandece en toda mi ciudad y en muchos kilómetros a la redonda. El verano me suele sentar bien, es mi época más activa.

Pero no me apetece hacer nada.

Descargo series y me planteo que sería estupendo entenderlas mejor, pero no me pongo a estudiar. Me conecto a internet y encuentro páginas interesantes que leer, pero las archivo sin prestarles atención. Tengo trabajo pendiente que no me apetece hacer. Proyectos de decoración para mi casa que no me apetece continuar. Ropa tendida al sol que no me apetece doblar y planchar. Una lista de tareas pendientes que no me apetece resolver. Ni me planteo hacer deporte.

No me reconozco.

Paso las horas muerta de calor pensando en bajar a la piscina, pero no bajo. Pienso en llamar a alguna oreja amiga que me desatasque, pero no cojo el teléfono, porque no creo que sirva de nada relatar el catálogo de miserias que podría enumerar. No son tantas. No son tan importantes. Debería poder afrontarlas yo sola, pero no lo hago. Tampoco terminan de agobiarme, vivo en barbecho. Si tengo hambre, como; si tengo sueño, duermo. Si no tengo sueño, trato de dormir de todos modos. A veces releo el mismo libro, porque no cuesta esfuerzo. Hace días ya que no me interesa en absoluto, me lo sé de memoria. A veces releo párrafos que no me suenan de nada, sin que capten mi atención.

Estoy desanimada. Tampoco lloro, la verdad. No estoy tan desesperada.

Tengo una depresión semejante a un elefante en el cuarto de baño: me estorba para vivir, pero puedo pasar sin ducharme hasta que se vaya por su propio pie. Si no se va, ambos nos acostumbraremos a su olor y al mío, y conviviremos sin problemas.

Esto pasará. O no. Las evidencias son abrumadoras, pero la verdad, me dan lo mismo.