Menos a menudo de lo que me gustaría, pero mucho más frecuentemente de lo que sería razonable esperar en una simple casualidad, me tropiezo con situaciones, objetos, olores, sensaciones que de alguna manera siento que siempre me habían pertenecido.
Como esas canciones que tanto tiempo esperé a que alguien las compusiera y las interpretase exactamente así, y justo ahora van y lo hacen.
Como esos lugares donde llegué por primera vez y reconocí cada rincón como algo mío.
Como esas sensaciones que siempre quise tener y, de repente, un día aparecieron para quedarse, de la forma más natural, como si lo extraño fuera precisamente su ausencia.
Hoy me he tropezado con un vídeo que describe con precisión aquello que hasta ahora había considerado simplemente otra de mis rarezas. Un médico con vocación de fontanero llegó a apuntar a la epilepsia como origen de tan extraño comportamiento, pero no, mi querido imbécil: no era le petit mal sino des petites mortes…
Disfrutadlo tanto como yo.