Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor.
(Pío V Loayza – El amor en los tiempos del cólera – Gabriel García Márquez)
Si tuviera que citar un escritor favorito entre todos los que conozco, no me costaría señalar a Gabriel García Márquez, cuyos libros me acompañan desde hace más de 20 años. En particular, El amor en los tiempos del cólera se me quedó tatuado en la piel del alma desde que se lo leí, palabra por palabra, a un chico que me ligué en aquella época y a quien dejé plantado cinco años después.
Por tanto, no me resisto ni un instante a enlazar esta película, que fuí a ver con la mayor desconfianza posible y tras la cual me he reconciliado con Javier Bardém y casi hasta con Shakira (BSO). La fotografía es evocadora y preciosista, la ambientación es precisa al detalle, los fallos -existen y son evidentes- de caracterización se perdonan ante el soberbio trabajo realizado por un equipo en perenne estado de gracia.
Si os apetece volver a enamoraros hasta del aire que os rodea, no dejéis de verla.
Y aqui, el libro en formato digital.


Curioso, porque Cien años de soledad fue para mí un tormento continuo y le he deseado 1000 veces la muerte más horrible a Gª Márquez, que me parece un pedorro insufrible.
Bueno, hace muchos años de aquello, y quizá fue la edad. O quizá no, y realmente es un coñazo para gafapastas
Pues si no te gustó Cien años de soledad, dudo que te interese lo más mínimo El amor en los tiempos del cólera. Es como la ópera, el sexo anal o la espeleología submarina: si no te encaja de primeras, lo odias sin remedio.
Buena imagen.
No creo, sin embargo, que las cosas en literatura tengan ese carácter definitivo. Hoy leo con fruición cosas que no me entraban por los ojos hace unos años, y desprecio cosas que me habrían tenido insomne no hace mucho. Hay rocas y piedras angulares, claro, pero siempre en el lado de aquello que amas, de aquello que es indispensable para tu identidad. Pero no creo que haya piedras angulares de aquello que detestas.
Discrepo un poco.
El carácter definitivo de esas etiquetas lo damos cada uno de nosotros, lo da el momento personal en que nos encontremos, la imagen de nosotros mismos que nos vayamos creando, o creyendo.
Esas siguientes oportunidades reflejan la capacidad de reinvención que tenga cada uno. Mudar la piel hasta según qué punto debería hacerte considerar una futura compra de la discografía completa de Serj Tankian, o de las obras completas en pasta dura de Lucía Etxeberría.
Creo que hasta para detestar hay grados de asquito.
Bueno, es que nunca he dicho “Nunca compraré discos de System of a Down”. He dicho cosas como “Prefiero hincarme agujas en el globo ocular antes que comprar algo de SoaD”, pero eso se refiere al presente
Que algo sea muy improbable lo hace sólo eso: muy improbable.