Durante los próximos meses voy a tener un inquilino en casa que me ayudará a pagar las facturas y me descolocará la rutina. Ambas cosas son buenas para mi. Pasados esos meses dejaré esta casa y me mudaré a otra con más espacio, estoy deseandito
40 metros cuadrados dan para menos que el saldo de mi cuenta bancaria, por lo que ha sido necesaria una reestructuración de espacios y contenidos que parecía imposible.
Lo primero fué recolocar los muebles. Una gestión más inteligente del espacio ha proporcionado más luz al salón y sensación de mayor amplitud. Ya no paso frío trabajando al lado del ventanal y la mesa de trabajo queda más centrada, lo cual sugiere muchos otros usos. Durante la reubicación de los muebles aprovechamos para cablear de nuevo la casa, de forma que Mota tiene menos posibilidades de morir electrocutado en cualquier momento y más de terminar sus días en la paellera, como está previsto. Qué tendrán los cables, que seducen tanto a mi conejo.
Lo siguiente fué el armario, ese espacio insondable en el que metes calcetines desparejados y medias con carreras y te devuelve faldas de una talla menos que la temporada pasada. He reducido la ropa que contiene al mínimo imprescindible, es decir, a la que realmente me pongo: el resto irá a manos de mis amigas, al trastero o a la basura, pero no guardaré más tiempo ropa que ya no me cabe, que se cae a jirones o que nunca me sentó bien.
Y aquí llegamos al quiz de la cuestión: empiezan a aparecer trastos en buen uso, ropa que no quiero tirar, chécheres con utilidad relativa y nunca presente. Sin embargo, nadie va a darme un duro por un manojo de cargadores de móvil antiguos, cursos de inglés descatalogados u objetos de decoración variados, ya traté de venderlos en eBay y no me comí un rosco. Para resolver este tema, he creado el blog The Little Outbox, donde ofreceré regalos o artículos de saldo. Admito trueques y ofertas de cualquier tipo: si algo os interesa, solo tenéis que escribir a thelittleoutbox@gmail.com y os lo reservo.
+++ Resuelto el tema, me doy una vuelta por la casa y anoto mentalmente algunas tareas menores que quedan por hacer: colgar la cortina divisoria del salón, reubicar algunos libros, seleccionar las copas de vino y buscarles un sitio accesible… siempre he pensado que los ambientes ordenados son sedantes, me gusta pasear la vista por la casa sin descubrir tareas pendientes que amenacen con hacerme perder el tiempo cuando menos me apetezca: la ropa por planchar puede agonizar fuera de mi vista el tiempo necesario pero el entorno debe estar ordenado y las cosas localizables. Enciendo uno de mis últimos cigarros (después contaré por qué este descuento) y me paro a reflexionar.
Hace tiempo leí un par de artículos sobre el método GTD de gestión de actividades, y me sorprendió de puro obvio. Coincide con lo que me repitieron en el cole una y otra vez: “un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio” + “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” eran dos cantinelas que vivían perennes en boca de mis profesoras: sé ordenada. Mantén el orden. Es mucho más fácil mantenerlo que crearlo de cero y da mucha menos pereza.
La práctica de estos consejos logró convertirse en uno de mis mejores hábitos, desarrollando de paso algunas técnicas sencillas que facilitan la gestión del desorden cotidiano. A continuación, las destripo con ánimo didáctico:
El desorden grande, el de la ropa de verano a punto de bajar al trastero o el del salón impracticable después de una fiesta divertida, se gestiona de mayor a menor.
1.- Todo lo que pueda tirarse a la basura, se tira, sin piedad. Así ganamos sensación de espacio. Es importante mantener una bolsa de basura a mano, por si salen más cosas candidatas. Lo que no vayamos a tirar pero deba salir de casa (cosas prestadas u olvidadas) se mete en bolsas y se aparta del campo de operaciones.
2.- Una criba selectiva ayuda mucho visualmente: si es ropa, lo mejor es separar camisetas de faldas y pantalones, ponerlo en varios montones y aplicar la tarea recursivamente a cada montón. Repetir un movimiento (doblar cinco pantalones) es más rápido que ir cambiando. Si estamos deshaciendo maletas, llevar cada elemento a su habitación correspondiente, guardar la maleta y abordar la ordenación del baño es mejor que ir improvisando.
3- Acabar las tareas es fundamental, da sensación de avance. Por la misma razón es importante no mezclarlas, de forma que si mientras tendemos la ropa limpia aparece ese tornillo que andábamos buscando como locos, lo ideal es dejarlo a la vista y continuar con la ropa.
4.- Para anotar las tareas que se nos vayan ocurriendo, es útil tener a mano un cuaderno o libreta. También viene bien usar la grabadora del móvil para dictarle los recados cuando no dispongamos de algo para escribir (por ejemplo, en el coche)
El desorden pequeñito, el de las cosas descabaladas que no estorban pero tampoco encuentran su sitio, requiere más atención y una actitud inflexible. Un rollo de celo, un imperdible, unos auriculares fuera de su sitio no molestan, pero será difícil que los encontremos con rapidez cuando de verdad los necesitemos salvo que estén en su lugar.
Y cuál es ese lugar?
Debe ser accesible, porque guardar algo en un sitio inexpugnable da pereza, de forma que si el sillón no permite abrir las puertas bajas de ese mueble, mejor colocar dentro el mueble-bar y no las cajas de los lápices y el costurero o no volveremos a escribir ni a coser fácilmente.
También debe ser temático, porque si guardamos en una caja los alfileres y los cargadores del móvil, y en otra las tijeras y los cd’s vírgenes, nos tocará revisar varias cajas cada vez que queramos tostar una película o cortarnos el flequillo y eso da pereza. Las cajas son baratas: extrapolar el concepto del costurero nos hará ganar tiempo.
Y qué pasa con esas cosas deslabazadas (dos horquillas, una pinza para enganchar a la camisa el manos libres, la tuerca de un pendiente que ahora no encuentro, un bote con purpurina de colores, un pastillero de propaganda, y ésto qué coño será, no lo había visto en mi vida) que no tienen sitio fijo, pero no nos atrevemos a tirar? Lo ideal es llevar las horquillas al cuarto de baño, dejar la pinza con los cargadores de móvil, meter la tuerca en el joyero y recordar para qué compramos la purpurina, pero si la cosa se complica (qué coño hago yo ahora con tres conos de incienso y una chapita de propaganda donde pone “Deja de mirar mis tetas”) es posible crear un cajón de sastre donde meterlas, y revisarlo periódicamente por si:
a) a alguien conocido le pudiera gustar la chapita
b) hoy nos apetece quemar algo de incienso en el pasillo
c) asumimos que algo que lleva dos meses sin usarse en un cajón, es digno de un pasaporte a la papelera.
Respecto al momento adecuado para ordenar nuestro entorno, la respuesta es siempre. Mantener el orden es una tarea perenne, para la que es fundamental mantener dos principios básicos:
1.- Elegir y mantener un sitio para cada cosa. Lo que no tenga lugar propio, andará rodando y estorbando hasta que se pierda, y llegado el caso en que sea necesario será difícil de encontrar con rapidez.
2.- El desorden crea desorden. La vista se acostumbra al mogollón y pronto deja de registrarlo. Atájalo ahora.
Lo bueno de los hábitos es que, en cuanto se adoptan, mola repetirlos. Si el desorden de tu entorno te ofende, en lugar de arrancártelo en cuatro bolsas de basura y un presupuesto en asistenta por horas, apadrina un hábito de orden: le verás crecer día a día y ni siquiera tendrás que darle la paga o cargarle el móvil
+++ En otro orden de cosas, transcribo el diagnóstico que recibí la semana pasada de manos de un otorrinolaringólogo:
“…
La paciente acude por disfonía que está empeorando. Mala ventilación nasal con heridas en el vestíbulo nasal.
Exploración ORL: Desviación septal izquierda con edema de cornetes inferiores y rinorrea mucosa. Nódulo en cuerda vocal izquierda y otro menor, de contacto, en cuerda vocal derecha.
Juicio diagnóstico: Deformidad sepal. Rinitis vasomotora. Nódulos vocales.
Tratamiento: Se recomienda microcirugía endolaríngea láser + rinoplastia funcional
…”
El primer martes de Febrero tengo cita con otro especialista para que me proporcione un segundo diagnóstico, y tomaré una decisión al respecto. De momento, las experiencias de amigos y conocidos operados han sido poco recomendables, con post operatorio incómodo y escaso efecto curativo posterior, lo cual me hace desconfiar de la conveniencia de semejante intervención. He consultado con dos profesores de canto y coinciden en desaconsejarme la extirpación de los nódulos. Al menos, el preoperatorio indica que de pulmones y corazón ando perfecta.
En fin, veremos cómo evoluciona este asunto: lo que está claro es que, en cuanto tome una decisión en cualquier sentido tengo que dejar de fumar, y esta vez definitivamente