El sábado me invitaron a la segunda edición de Golfxs con principios, un evento periódico que convocan dos de las personas más interesantes que me he encontrado últimamente. Se trata de juntar en el mismo espacio a gente de diversos colores y pelajes, a ver qué pasa, sin otra limitación que el no molestar a los demás.
Disfruta, interacciona y no des la vara.
De ese modo, te dan la oportunidad de compartir un rato de juegos o de conversación con personas que han elegido formas de expresión personal poco comunes, pero sobre todo logran algo que, a mi juicio, es mucho más importante: crear un espacio donde improvisar.
Habitualmente es difícil encontrar lugares donde poder experimentar con tu imagen sin caer en uno u otro código, y menos aún sin verte obligado a tener un cuidado exquisito con los parroquianos (vete a cualquier bar vestido de cuerazos y me lo cuentas, ok?) pero se encuentran, vale: en unas pocas discotecas se montan esporádicamente determinadas fiestas que a veces están muy bien. Ahora, ve un poco más allá de la imagen: trata de interaccionar, de aprender, de inventarte cualquier juego. Trata de mantener una conversación interesante rodeada de decibelios de pies a cabeza: o tienes mucha suerte, o lo llevas claro, monada.
Pues los Golfxs lo han logrado. Y me dejan asistir. Qué gusto, madre.
El sábado ví a un grupo heterogéneo de personas que ya se han visto otras veces y empiezan a olfatearse de cerca. Aún terminaremos cambiando el nombre al grupo y llamándolo “Crisol de Golfxs”. Y si no, al tiempo.
