Cuando algo me apetece lo suficiente, la idea que me invade la cabeza es sed. Me quiero beber la vida, las experiencias, las situaciones.
Me gusta beber agua no muy fría a tragos largos, que me llenen la garganta. También prefiero vivir situaciones intensas que me llenen los sentidos y, a fuerza de experimentar una, y otra, y otra más, noto cómo tiendo a rebajar ligeramente su intensidad, como si quitase hielos al vaso en que las bebo, para poder saborearlas mejor aunque la sensación de frescura disminuya inicialmente.
Si el agua no está tan fría, puedo beber más. Y mejor. Con la vida me pasa igual.
Lo curioso de saciar la sed es que es un hecho engañoso: tú crees que bebiendo se calma, pero a veces es mentira y lo que logras bebiendo es tener más ansia. Creo que está relacionado con baremos, parámetros, límites que se desplazan y capacidad de asombro que se acorcha: tan pronto me da por explorar a zancadas en una misma dirección, logrando un grado de especialización considerable, como vuelvo la vista y me encandilo con cualquier tontería de las que te encuentras tiradas en la acera, y vuelta a empezar desde cero, otra vez a mirar desde abajo la escalera. Una parte de mi siempre tendrá coletas.
Qué corta es la vida, joder. Pero qué ancha.
Debe ser una cuestión de sensibilidad. Si tocas un buen rato el mismo punto de tu piel, terminas por hartarte y perder el tacto, el interés y el objetivo, pero si vas cambiando, si varías los estímulos de una zona a otra, de un concepto a otro distinto, de una disciplina a otra diferente, descubres que el abanico de sensaciones que obtienes es difícilmente conmensurable. A veces, el pánico a perder la posibilidad de disfrutar de tantas opciones como se te ofrecen nada más doblar cualquier esquina te atrapa por los tobillos y te embrolla los planes a corto plazo: lo mejor es no hacer ni caso y seguir dando pasitos. Paso a paso, se cubre cualquier ruta, por ardua que sea.
Pero hay que beber. Nunca os deshidratéis en el camino.
Bebed, maravillas, con o sin coma en medio: a la persona que haya pensado este vídeo, lo quiero engullir de un sorbo largo.
Qué gusto de vida, coño!!
