Llevo ya unos días en los que cada vez me cuesta más sentarme ante el teclado y empezar a parir frases como churros. Tal vez sea porque en la calle ya ni siquiera hace fresco, el frío se ha acabado y se ha llevado con él ese ánimo oscuro e intimista que me había salido sin previo aviso, como un sarpullido. En el momento exacto en que empecé a vivir bañada en calor, me quedé instantáneamente sin miserias que contar.
De forma que ya puedo empezar a dar gracias al calor que me espabila los huesos y me da energías suficientes como para tirar del más ingrato batallón de problemas que me pongan por delante: todas mis células gritan al unísono cada mañana los buenos días al sol, mientras el capullo de mi vecino aporrea su techo con el palo de la escoba despotricando como un energúmeno por el coro cantor de Viena que formamos todas mis mOléculas y yo pegando gritos y encantadas de la vida. Qué poca urbanidad, si, pero qué incivismo más alegre. Esta mañana he vuelto a dar el espectáculo en mitad de un atasco, cantando sola y pegando botes en el asiento mientras me mordía las ganas de salir del coche y bailar a mi rollo en mitad de la M30. Es maravilloso salir a la calle y bañarte en luz.
Porque en cuanto llega el verano, con su calor aplastante y sus noches eternas, en cuanto el sol nos regala un par de grados para lucir en las orejas con el pelo recogido, en cuanto el sol adelanta su rutina y me espera cada mañana al otro lado de la ventana, derramando chorros de luz sobre los edificios y haciéndolos brillar, mi sonrisa se vuelve contagiosa, se ensancha, florece, me vuelvo dócil y exuberante, todo me parece estupendo. El tedioso transcurrir de los minutos de invierno se transforma en una apasionante aventura repleta de sorpresas deliciosas, las hadas cobran vida y me echan en las pecas purpurina de mentira, los duendes se estiran y se desperezan preparándose para esconder una travesura debajo del minuto más insospechado. En verano, se puede saltar de puntillas de un minuto a otro haciendo piruetas en el último segundo.
Se acabó el otoño triste y el estático invierno, la primavera ha servido de entrenamiento improvisado para un verano denso y rotundo en el que podemos desfasarnos, desmelenarnos, desubicarnos, despelotarnos, descentrarnos, descolocarnos, desdecirnos, despistarnos, desinhibirnos e intentar, en suma, ser muchísimo más felices de lo que hemos sido hasta ahora. Total, no tenemos absolutamente nada que perder.
Invito a energía positiva, como el polo de las pilas que tiene un mas. Recargo, restauro, rezumo, reparo, recompenso, regalo vida y sonrisas.
Barra libre de pura vida, y a los agobios, ración de espita

Me encanta esta capacidad tuya de verle el lado bueno a las cosas. No cambies nunca. Esta noche te dedico la luna. Un besote.
Estaba preciosa, muchas gracias
A ver si hay suerte, y el mes que viene me la vuelves a dedicar desde una isla.
Y las tardes de verano siempre traen algún regalo inesperado
Es lo bueno de no tener expectativas, que la vida siempre te sorprende
Hola hermosa! acepto la invitación, pásame un poquito de esa energía que yo ando un poco descargado. Besos
¡Santo cielo! ¿Ya está disponible el cargador universal de baterías que anunciaban hace unas semanas los ministros de la UE?
Toma, y yo sin enterarme.
Es que esto es una primicia y lo demás, cotilleo insano.
Siempre ha habido clases, no crees?
Esa es mi niña! Tú di que sí princesa. Te devuelvo las palabras que tantas veces me has dicho: “porque es un lujazo pasar tiempo y proyectos contigo”, y reinventarme a tu lado.
Mil besotes gordos,
C
Tú si que eres una delicia. Me apunto esos besos.
¡Me alegro princesa! No hay como tener cerca un buen cargador de energía positiva.
Bszs Mil!
MOleculilla, vas a necesitar energia para dar…… que yo también necesito una poca!
Hay un paseo que arranca en el molino de aixerrota (getxo) que sube hasta el faro de la galea para despues bordear el campo de golf dejando los acantilados a poniente y todo el cantabrico de golpe, precioso, infinito, hasta la playa de aitzkorri y la salvaje y sopelana … te digo esto porque si en mitad de la M30 lo que te sale es bailar a tu rollo solo por una de las calurosas mañanas de verano de madrid, aqui, con tu sensibilidad, sería imposible no verte hasta el fin sonriendo plena.
Hace mucho que no te leia. Mejoras. Deberias hacer novelas (y cobrarlas).
Ya sabes que las sombras lo vigilamos todo, por muy lejos que creas que estamos. Un beso enorme